jueves, 12 de mayo de 2011

Capítulos 7 y 8

Un breve apunte de cada uno de los capítulos.

Está claro que, lo que de verdad queremos es el bien; está claro que "lo bueno" dice, primariamente, "hacer justicia a la realidad", siendo la primera realidad la que hemos de hacer justicia, las personas.

Ahora bien, hacer justicia a la realidad apela a la realidad y a la conciencia. Esta es la clave que se tratará en este capítulo. No hablamos de "valores", sino de acciones buenas: de acierto y de virtud. Todo lo que hemos dicho del valor tan sólo se refiere a nuestra captación del valor de la realidad y por tanto de nuestra sensibilidad en orden a "hacerle justicia". Creo que este punto es importante. La ética es, sobre todo, ética de la virtud. La virtud que hemos estudiado en este texto de modo directo es la justicia, indirectamente, la prudencia -la que estamos tratando ahora-; en los primeros capítulos fue la templanza y al fortaleza

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.
1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.
2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).
3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".
4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".
La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spaemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

Y nada más. Espero que os ayude a reflexionar...

63 comentarios:

Luis dijo...

Luis Alfonso de Miguel Ventosa.
2º Magisterio Primaria

Me han parecido muy interesantes las aportaciones del capítulo VII, del cual quiero comentar algunas objeciones. "¿Qué convierte una acción en buena?" Antes de responder, me gustaría indicar que en la afirmación de "Nadie quiere el mal como tal" es completamente falsa, y aunque el autor trate de justificar las malas acciones diciendo que "no sabe lo que hace" o "no quiere saberlo" roza la ofensa (ya hemos hablado acerca de la conciencia y de que el fin no justifica los medios), creo que aunque todos los seres humanos por ser seres morales merezcamos un respeto no significa que el ser humano no busque el mal nunca, aludiendo que solo consecuencia de las acciones que realiza (pensando que son siempre para algo bueno)pueden producir un efecto negativo (malo o dañino para otros). El ser humano lleva la concupiscencia consigo, por ejemplo, cuando dos niños se pegan, la intencionalidad es de hacer daño al otro niño, no hay justificación, ambos tratan de hacer daño al contrario, por eso existe la formación de la conciencia, puesto que no son conscientes de lo que hacen y hay que corregirles. En el caso de un violador no podemos decir que "no sabe lo que hace", me parece una barbaridad transcendental.

Podemos encontrar otro ejemplo: Si una persona da limosna a un pobre se trata de una buena acción, siempre y cuando su intención sea buena, independientemente del fin, puesto que la persona que entrega la limosna sabe que quien la recibe está necesitada y sabe que su acción es buena. Es posible que el pobre lo use para drogarse o para alcohol, entonces... el fin malo justifica un medio bueno? es decir, afirmamos que "el fin nunca justifica los medios", estoy de acuerdo... bien, ¿qué ocurre pues si un médico debe salvarle la vida a un terrorista? Si le salva habrá realizado una buena acción, pero si lo hace pondrá mas bombas y matará más gente.

Llega un momento que se confunde que es el bien, los ideales, los valores, la realidad... creo que se esta cayendo en el relativismo para una pregunta tan sencilla ¿Qué convierte una acción en buena? sinceramente pienso que después de lo leido he llegado a la conclusión de que nadie puede juzgar que es una buena acción más hallá de nuestra limitación, como seres finitos que somos solo puedo pensar en que la sola intencionalidad es suficiente para decir que una acción es buena, aún si la consecuencia es mala o negativa, la intencionalidad del fin del mismo es lo importante.

Patricia Rodriguez Fdez. dijo...

¿Qué hace a una acción buena?

Contestando a Luís, yo creo que Spaemann a lo que se refiere, es a que obrar bien está directamente relacionado con la conciencia, y con la buena voluntad. Sin embargo es muy difícil saber cuándo alguien actúa con buena voluntad, el ejemplo que pone es que la conciencia es la mirada, pero el ojo no puede mirarse a sí mismo. No creo que piense que todo el mundo actúa buscando el bien, sino que eso sería lo deseable, lo que hace una ética buena. De hecho, más adelante dice: “quien actúa mal no sabe lo que hace. Lo que ocurre sencillamente es que no quiere saberlo” Yo creo que él parte de la base de la formación de la persona. Como decía en el capítulo anterior, si tu conciencia está formada correctamente, te es imposible, físicamente, realizar un acto malo.

Un criterio para medir la bondad de un acto podría ser la regla de oro: “no hagas a los demás lo que no deseas para ti” Un segundo nivel nos lleva de nuevo a hacer justicia a lo real, y por tanto a la dignidad del hombre (totalidad, válido en sí mismo). Si uno actúa dignamente y trata a los demás respetando su dignidad, obrará bien. Pero esto no es suficiente, como dice Spaemann siempre podemos obrar mejor, por eso, sería más sencillo definir unos mínimos éticos, porque el límite superior de la acción bondadosa es difícil de establecer. Esto le lleva a otra teoría, una que ya mantenían los antiguos filósofos, el acto sigue al ser, esto es, que hay personas buenas más que buenos actos. Tradicionalmente en el cristianismo, amar. Pero el amor también lleva a la equivocación, y ésta al remordimiento. Pero afortunadamente también al perdón.

El capítulo octavo empieza hablándonos de aceptación de la realidad. Las personas vivimos interactuando con ella, pero hay ciertas circunstancias que escapan a nuestro control y que debemos aceptar tal cual son. Como tampoco podemos modificar lo que somos en esencia. En ambos aspectos tenemos que descentrarnos de nosotros mismos, y como dice el autor, ir incorporando esto al sentido de nuestra vida. ¿Qué actitud podemos tomar para hacerlo? Spaemann da 3 opciones: fanatismo, cinismo o serenidad. El primero desea con todas sus fuerzas dotar él de sentido al mundo. El cínico, al contrario, niega que haya un sentido. Y por último serenidad, es decir, con una actitud positiva de aceptación de la naturaleza de las cosas, y de uno mismo. Dios es la garantía de que lo bueno conduce al bien, que finalmente éste se impone. Es por esto garantía también de felicidad.

Ana Sanchez 2º magisterio primaria dijo...

Comentaré el capítulo VII: Lo absoluto o que convierte a una acción en buena.
Se habla de la bondad y maldad de las acciones y de la intención con que se hacen. Afirma Spaemann que todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Esto es muy discutible, la mayoría de las cosas si se hacen con buena intención ya sea para beneficio de los demás o para tu propio provecho, pero no creo que sea correcto el ´´todo el que actúa´´ El que quema una papelera no tiene ninguna buena intención, porque además no saca beneficio ni él ni los demás o el que pincha una rueda de un coche, su intención es muy mala y ni siquiera va poder sacar nada de eso. Platón sostiene que nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. Debería ser así pero desgraciadamente no todo el mundo obra por amor de un bien, si a bien no lo consideramos como un bien beneficioso para cada uno, sino como un bien ético, moral y digno. Por supuesto la buena intención no justifica el mal que haces para conseguir algo, no perdona esa injusticia, esto haría referencia al fin no justifica los medios del que hablamos en el capítulo anterior. Es cierto que cuando haces algo que sabes que no está bien o no debes hacer intentas olvidarte de los aspectos negativos y apoyarte en los positivos que sacas de dicha acción, a esto yo lo llamaría autoengaño, falta de autodominio y egoísmo con uno mismo y con los demás auto engaño porque pretendes engañarte y tapar el mal con la abundancia de bien que sacas de una acción, falta de autodominio porque no eres capaz de controlarte y evitar la acción y egoísmo contigo porque no haces lo que deberías hacer y eso te va a provocar mal y eso lleva a ser egoísta contigo mismo y, por supuesto con los demás. Aquí es cuando aparece la conciencia que nos da esa llamada de atención para exponernos objetivamente la realidad lo que significa nuestros actos.
Estoy de acuerdo en la afirmación que quien actúa mal no es que no sepa lo que hace sino que no quiero saberlo porque sabe que si no podría volverse atrás y sentirse mal consigo mismo y eso está el MAL.
Aquí llegamos a la pregunta de qué es lo que hace que una acción sea buena. Para ello es necesaria la atención, con una mirada limpia a la realidad según Spaemann que puede ser ensuciada cuando nos dejamos llevar por los sentimientos, el placer, la pasión etc. Lo relaciona con los ideales, el ideal del poder, que puede hacer que no dirijan su atención a lo que su acción provoca en los afectados.
Otro punto es el de juzgar objetivamente algo, falta juicio objetivo cuando no estamos dispuestos a tapar de alguna manera nuestros intereses, de ahí la regla de oro de ``no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti´´ y para ello es necesario que vivamos haciendo justicia a la realidad y en relación con las personas, sabiendo que las personas son fines en sí mismos y seres con dignidad. Por lo tanto lo que hace según Spaemann una acción buena es que tenga en cuenta la realidad.
Por último termino con la idea del perdón que en mi opinión no siempre puede solucionar un mal , pero siempre se acerca a de alguna manera a hacer justicia con el mal cometido, a reconocer que eres la fuente de ese mal cometido, a que odias lo que has hecho, y, por lo tanto, surge en ti un arrepentimiento, que provoca un hilo de esperanza y de reparación al que le has producido el mal. Es el origen de volver a empezar de nuevo y poder volver a ser libre tanto para el que pide perdón como el que perdona

ANA SANCHEZ 2º ED.PRIMARIA dijo...

Comentaré el capítulo VIII: Serenidad y actitud ante lo que no podemos cambiar:
Comienza hablando del tema del destino y su relación con la ética que poco tiene que decir.
Se habla de esa limitación de estar de alguna forma ya condicionados por la realidad, toda acción nos conduce a algo, a modificar algo, a que algo adopte un significado distinto, a comunicarnos, puesto que no se puede cometer una acción sin que no se dé una consecuencia. Al realizar algo tenemos que tener asumido una serie de condiciones que sabemos que ocurrirán si realizamos la acción. Por eso cuando nos justificamos con el ‘’yo soy así´´ no somos objetivos porque sabemos que de alguna manera podemos cambiar cosas nuestras cuando actuamos y realizamos acciones.
Otra idea muy importante es que todo lo que hacemos, decimos, omitimos…va configurando el futuro, si estudias, aprobarás el futuro examen, si tienes hijos, es probable que tengas nietos, si montas una escuela, los futuros niños irán a tu escuela etc. Asumir que quien obra y se decide por algo, nunca tiene el destino en su mano, se expone al dolor que la vida le puede llevar, quien arriesga a probar si una medicina cura una enfermedad, no tiene sujeto el futuro, se arriesga porque si no, no gana, pero sabe que puede salir mal y provocar un efecto negativo. Esto no quita para que podamos afirmar la idea de que`` la vida de cada hombre es un todo de sentido´´.
Spaemann denomina tres posibilidades en las que nos podemos encontrar cuando sucede algo:
Fanatismo: el que ve como único sentido el que el hombre pone, no admite fracasar, le parece una injusticia.
Cinismo: lo contrario al fanático, renuncia al sentido, sería el de que cada uno se las componga como puedas para llegar a lo que quiere, la ley del más fuerte.
Serenidad: la actitud razonable del hombre frente al destino. Asume lo que él no puede cambiar. Esto sería la mejor actitud, puesto que quien no acepta el destino no puede aceptarse a sí mismo, porque sabe que el sí mismo tiene un destino que no puede cambiar.
Esta actitud es la que más libre nos hace, y vivir en paz, poner sentido a tus fracasos hace que vivas de otra manera aprendiendo de todo y no dejándote hundir por los fracasos sino sacar beneficio de ellos. Serenidad no es que las cosas te den igual sino que les pones un sentido que va más allá de tus intereses.
Termino con la idea que afirma Spaemann que estoy totalmente de acuerdo.`` La serenidad es una propiedad del hombre feliz.’’

Anónimo dijo...

Hola soy Belén Carreño Echanove de 2º de primaria.

Me gustaría hablar de varios puntos que salen en el capítulo 7:

Según Spaemann “la conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, una llamada de atención”. Siguiendo ésta definición nos planteamos si actuar en conciencia es siempre bueno. La respuesta sería que no ya que la conciencia puede estar mal orientada, deformada.

Según Kant: “no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”.
Dicho esto ¿toda acción hecha con buena voluntad seria una acción buena?
En mi opinión no ya que la buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. De manera que si al perseguir el bien aceptamos a cambio un mal esta acción se convierte en mala. Pero no es aquí donde está el mal ya que no sabe lo que hace sino que el mal está en que no quiere saberlo. No quiere ver la realidad del hecho. Por lo tanto la buena intención no cambia la injusticia del acto. Por otro lado tenemos tres principios lógicos que nos pueden orientar para saber si estamos actuando bien o no: “no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, “haz el bien y evita el mal” y “ el fin no justifica los medios”.
Por lo tanto “La acción buena es la que hace justicia a la realidad”. Siempre hay que tener en cuenta la realidad, sin dejarla de lado.

Spaemann dice: “los ideales (servir a un ideal), puede enturbiar la mirada a la realidad” y se niegan a dirigir la atención a lo que la acción significa para los afectados. En mi opinión, esto no quiere decir que no haya que ser coherente con uno mismo y actuar como se piensa ya que si no lo haces, acabas pensando como actúas y de aquí viene la “auto justificación”. El ya tener las ideas claras sobre la realidad no implica que no debas seguir formándote y educando tu conciencia, al contrario, la educación de la conciencia y la formación de uno mismo es una tarea de toda la vida.

Por lo tanto la buena intención no basta para hacer buena una acción aunque es indispensable.

Con respecto a los alumnos hay que ayudarles a que tengan un criterio propio y que sean responsables de sus actos.

Paloma barral Gilgado 2º Leng. Extranjera dijo...

Es cierto que hoy en día muchas personas se justifican o justifican sus hechos con la frase que dice el texto: "yo soy así". Esto quiere decir que da igual lo que se le diga a esta persona porque va a hacer lo que quiera y, si nos gusta bien y sino también.

En mi opinión, lo justo sería recapacitar, argumentar, reconocer tus errores, arrepentirse (mucha gente por orgullo, aun sabiendo que lo que ha hecho no está bien, no se arrepiente) y pedir perdón.

Siempre tenemos que seguir a nuestra conciencia y obrar en conciencia pero, somos personas y podemos equivocarnos.

Gracias.

Raquel Parreño dijo...

Resúmen del capítulo 7:
La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo, algún valor, sea que se trate del placer, de una satisfacción espiritual, incluso de la felicidad de los demás, de la justicia, o de lo que sea. Platón afirmaba que el mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal. Ya hemos dicho que no queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en si mismo. La conciencia dificulta la expulsión de aspectos negativos y nos recuerda el conjunto de los aspectos de nuestra acción. La conciencia es una llamada de atención. El mal se puede definir como renuncia a prestar atención.
El filósofo inglés Moore, se ha ocupado expresamente del intento de significar con otros contenidos lo que nosotros pensamos cuando llamamos a algo bueno. Él denominó a tales intentos como “falacia naturalista”. La falacia naturalista consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera. Pero esto no funciona porque el punto de vista moral, el punto de vista del bien, es un punto de vista absoluto. El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas. En cambio, cualquier valor debe dejar paso a tareas más urgentes.
Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: que en relación con las cosas, con los animales, las plantas y los hombres, e incluso con nosotros mismos, se comporte uno de cuerdo con su valor propio; es decir, que hagamos justicia a la realidad. Por eso decía Kant que el hombre no tiene valor sino dignidad. Su dignidad radica en que no es una parte de la realidad, sino que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad, la persona merece un respeto incondicional.
A una persona con capacidad de juicio y de recto pensamiento, le resulta evidente la jerarquía de importancias y apremios. Hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin. Esto se debe a que no es meramente un ser espiritual, sino que se manifiesta de modo natural. Cuando no se los respeta como persona, sino que se los utiliza como medios para alcanzar otra cosa, entonces es utilizada como un puro medio.
El obrar sigue al ser. A fin de cuentas, lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones. Lo que hace bueno a un hombre tiene un nombre en la tradición cristiana: amor. La verdad es que el cristianismo ha acrecentado el sentido de los valores, nos ha hecho más perspicaces para la realidad, y con ellos ha limitado naturalmente las posibilidades de hacer algo injusto, o de omitir, sin culpa, algo bueno.
Además existen diferencias de rango. Hay hombres que tienen más altura moral que otros, tienen más obligaciones porque pueden, ven y entienden más que los demás.

Csrmen Santos-Ruiz dijo...

No todo esta en manos del hombre, aunque muchas veces tengamos que decidir y aceptar ,no depende totalmente de uno mismo.
Nuestro pasado configura nuestro destino, con nuestras acciones y omisiones. El cinismo supone mentir con la palabra y con el cuerpo; se niega el destino es decir, se renuncia al sentido de la vida. Como no atiende la realidad no tiene que hacerla justicia.
El fanático, si embargo, es aquel que cree que tiene toda la verdad, no reconoce la verdad con la realidad, se vuelve cínico, impone sus ideas en un sentido.
El hedonismo y estoicismo no busca el sentido pleno del porque y para que, tiene un modo de vivir que no se asemeja con la felicidad.
La persona serena: presenta una actitud razonable y voluntaria frente al destino, frente aquello que no se puede cambiar. Intenta una aceptación positiva que lleva a una amistad con uno mismo.
El fin de la obra educativa ha de ser que toda actividad sea virtuosa.
La felicidad se parece a la alegría (estado de ánimo que se parece al obrar bien) la felicidad es un acompañamiento, no un resultado y por eso el hombre debe saber disfrutar
un saludo!

Ana María Candela Valero 2º EP dijo...

Hola a todos, mi comentario sobre el capítulo siete es el siguiente:

La conciencia, como dice Spaemann, es una llamada de atención. La buena voluntad es la que se deja obligar por su conciencia y no se refugia en la buena intención.

Me gustaría detenerme en esto de "la buena intención". En este capítulo el autor afirma que no basta la buena intención, para que un acto sea bueno. Pero ésta es primordial para poder considerar un acto como bueno. En mi opinión hace falta algo más que la mera buena intención para que una acción sea buena, se necesita obrar con amor. Una acción es buena cuando hace justicia a la realidad y la primera realidad son los demás. Al realizar una acción siempre hay afectados y éstos han de considerarse, como dice Spaemann, como fin en sí mismos, como personas dignas. Si no se actúa con amor, las consecuencias que se provoquen en los demás no importarán puesto que darán igual.

Me ha gustado mucho lo que Kant dice sobre la dignidad. El hombre no tiene un valor sino que es digno, es un ser excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida de cálculo. Esto es una reafirmación de lo que ya he dicho antes, todo hombre es digno, toda persona merece ser tratada de acuerdo a su dignidad. Por lo tanto, cada uno hemos de tener en cuenta a los demás a la hora de actuar, hemos de contar con la repercusión de nuestras acciones; y si se actúa con amor, se estará tratando a los demás como lo que son, personas dignas.

Por último me gustaría destacar que "el obrar sigue al ser". De aquí la importancia de la educación, ya que hay hombres buenos y no buenas acciones. Si los maestros y por su puesto, los padres, educan, siguiendo la tan comentada jerarquía de valores, se conseguirá sacar lo mejor de cada uno y con ello hombres buenos que realizarán buenas acciones.


Un saludo.

Ana Rodríguez Sánchez dijo...

Ana Rodríguez Sánchez, alumna de 2ºE.I.
Capítulo 7:
Nade de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la conciencia es un órgano.
La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Justificar actuaciones por la así llamada buena intención constituye además una escuela de in autenticidad.
Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder. El mal se puede definir como renuncia a prestar atención. Nos sabe lo que hace. Lo que ocurre es que no quiere saberlo.
Falacia naturalista consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera. Esto no funciona porque el punto de vista moral, el punto de vista del bien, es un punto de vista absoluto.
No es una cosa distinta del recto orden,adecuado a la realidad, de los puntos de vista. En este sentido, moralidad es ciertamente lo mismo que realidad.
La acción buena es la que hace justicia a la realidad.
La dignidad del hombre depende, de que es una totalidad de sentido, de que es, incluso, lo universal. Su dignidad radica en que no es parte, junto a otras, de la realidad, sino que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad cmo a un todo.
Capítulo 8:
La Ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros. Aquello que es como es sin intervención nuestra, no parece que pueda ser objeto de la reflexión ética. Que el hombre mantenga una correcta relación con auquello que, sin su intervección, es como es.
A diferencia de los animales, los hombresw, al actuar, modifican a la cez las condiciones que enmarcan su comportamiento. Esto es lo que llamamo historia.
No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sin que, en alguna medida, nosotros mismos somo como somos sin poderlo modificar. "Es que yo soy así".
La serena aceptación de la realidad es, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo.
La persona feliz tiene la necesidad natural de comunicar su felicidad.

Marta Varón Menéndez 2 EI dijo...

Capitulo 7

La conciencia; nada de lo que se haga contra la conciencia es bueno, pero no todo lo que se hace en conciencia es bueno. La concia es la mirada que el hombre dirige al bien.
Todo el que actúa tiene una buena intención, todo el mundo desea algo positivo.
Platón afirmaba que nadie puede obrar sino es por amor de un bien. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se pueda justificar se cause o acepte a cambio un mal. Sobre todo si haces que otros paguen el precio. La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.
No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo. Si todo acto se justificara por esa buena intención, entonces el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento.
Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder. La bondad de un acto tiene que ver con la atención.
Para que una actividad sea buena es importante que uno se comporte de acuerdo con su valor propio, que tratemos a cada uno como un ser que, como nosotros es un fin en sí mismo. Necesitamos de los demás como medios para otros fines.
Decía Kant; que el hombre no tiene valor sino dignidad. La dignidad del hombre depende de que es una totalidad de sentido de que es universal. Su dignidad radica en que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como a un todo: como ser potencialmente moral.
Lo que hace buena una acción es que tenga en cuenta la realidad, lo que hemos de hacer se deduce en la mayoría de los casos de la “naturaleza de las cosas”
El obrar sigue al ser; a fin de cuentas lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones lo que hace bueno a un hombre tiene un nombre en la tradición cristiana: amor. Hay hombres que tienen más altura moral que otros y no es que les estén permitidas más cosas que a los demás; más bien tienen más obligaciones porque pueden ven y entienden más que los demás.

Hay algo más que la justicia, existe también la reconciliación y el perdón, pero silo puede exigirlo quien está dispuesto a perdonar sin reservas. Indulgencia perdón son algo más alto que la justicia.

Marta Varón Menéndez 2 EI dijo...

Capitulo 7

La conciencia; nada de lo que se haga contra la conciencia es bueno, pero no todo lo que se hace en conciencia es bueno. La concia es la mirada que el hombre dirige al bien.
Todo el que actúa tiene una buena intención, todo el mundo desea algo positivo.
Platón afirmaba que nadie puede obrar sino es por amor de un bien. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se pueda justificar se cause o acepte a cambio un mal. Sobre todo si haces que otros paguen el precio. La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.
No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo. Si todo acto se justificara por esa buena intención, entonces el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento.
Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder. La bondad de un acto tiene que ver con la atención.
Para que una actividad sea buena es importante que uno se comporte de acuerdo con su valor propio, que tratemos a cada uno como un ser que, como nosotros es un fin en sí mismo. Necesitamos de los demás como medios para otros fines.
Decía Kant; que el hombre no tiene valor sino dignidad. La dignidad del hombre depende de que es una totalidad de sentido de que es universal. Su dignidad radica en que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como a un todo: como ser potencialmente moral.
Lo que hace buena una acción es que tenga en cuenta la realidad, lo que hemos de hacer se deduce en la mayoría de los casos de la “naturaleza de las cosas”
El obrar sigue al ser; a fin de cuentas lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones lo que hace bueno a un hombre tiene un nombre en la tradición cristiana: amor. Hay hombres que tienen más altura moral que otros y no es que les estén permitidas más cosas que a los demás; más bien tienen más obligaciones porque pueden ven y entienden más que los demás.

Hay algo más que la justicia, existe también la reconciliación y el perdón, pero silo puede exigirlo quien está dispuesto a perdonar sin reservas. Indulgencia perdón son algo más alto que la justicia.

Carmen Muñiz de la Oliva dijo...

“Aguere sequitur esse” (el obrar sigue al ser). Ésta ha sido la nota que más me ha gustado del tema 7, porque como bien dice: “NO hay acciones buenas, SINO hombres buenos” y todo esto gracias al amor.

Las acciones dependen de la situación y de las personas que se encuentren en ella en ese momento, todos somos diferentes y por ello respondemos ante determinadas situaciones de forma distinta, como en el ejemplo del barco (el herido y el médico). El médico (persona SEVERA) tiene que actuar con firmeza `para curar al herido, éste ha aceptado la marcha de las cosas, incluyendo su posible fracaso, y actuando en conciencia.

El caso contrario sería el ejemplo de Martín Lutero del misionero: “ La señal clara de una mala voluntad es que no puede sufrir su fracaso”.

ana gaisse dijo...

En el penúltimo capítulo de este libro, me voy a centrar en un idea que me ha gustado mucho, y es cuando el autor afirma que el mayor obstáculo que una persona se puede encontrar a la hora de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer, reside en la falta de disposición para poner un paréntesis en nuestros propios intereses; y es verdad! Muchas veces, por no decir la mayoría de las veces, actuamos pensando únicamente en las repercusiones que esos actos puedan tener sobre nosotros mismos, sin pararnos a pensar o sin mirar en las repercusiones que nuestros actos puedan producir en los demás. Ese egoísmo y ese estar mirándonos continuamente, sin preocuparnos de cómo afectan nuestros actos en los demás, es lo que hace que las acciones no sean buenas.
Una acción es buena, desde mi punto de vista, es cuando prestas atención al resto de personas que se encuentran a nuestro alrededor y sobre todo a aquellas que más pueda influir nuestras actuaciones, dejando en un plano más atrás mis propios intereses. De aquí la sabia frase, conocida como regla de oro, “no hagas a los demás no que no quieras que te hagan a ti”.
Y con respecto al último capítulo de este libro, lo que más me ha llamado la atención es la tercera posibilidad que Spaemann en la que nos podemos encontrar cuando nos sucede algo, la serenidad. La serenidad se define como la actitud razonable del hombre frente al destino, así también se entiende la palabra serenidad como la actitud de aquel que acepta voluntariamente, lo que él no puede cambiar y por último afirma que la serenidad es una de las propiedades del hombre feliz.
Una persona que actúa y sabe vivir con serenidad, con paz y sin dejarse llevar por el continuo estrés, ve la vida de otra manera, acepta las cosas de forma más sencilla y a mi modo de ver, es una persona que actúa aceptando la realidad y en definitiva el destino. Una persona serena no es lo mismo que una persona pasota, esto hay que tenerlo muy presente.

Rocío Becerra 2ºep dijo...

Buenas tardes a mi me gustaría comentar sobre el último capítulo una frase que ha sido la que más destaco de este tema: “no podemos controlar las consecuencias alargo plazo de nuestra actividad”. Esta frase la explica con el ejemplo del juego del ajedrez, el jugador no sabe lo que va a efectuar su contrincante. Nosotros hoy en día intentamos dar respuesta al ¿Qué pasara si…? A las consecuencias de nuestros actos, gestos…y, en mi opinión, debemos fijarnos y no olvidar el presente.

En este ultimo capitulo también se habla del: fanatismo y le cinismo.
En mi opinión no entiendo la postura del cínico ya que renuncia al sentido. ¿Cómo se puede renunciar a eso? Por tanto ¿en esta postura no existiría la libertad?

Por último me gustaría hablar de la serenidad, la actitud razonable del hombre frente al destino. La persona serena actúa con firmeza, afecta el fracaso, y posibilita su actividad. La serenidad permite al hombre vivir en “amistad” con sus semejantes, vivir amistosamente y también consigo mismo.

Teresa Wicke dijo...

En el capítulo VII Spaemann habla de la libertad. Me llama la atención como la define "la conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero el ojo no puede verse a sí mismo. Debemos seguir aquello que nos parece ver." Esto quiere decir que la conciencia es una voz que cada uno tenemos en nuestro interior y que no podemos dejarnos llevar por los ojos simplemente ya que los ojos dirigirán la mirada a aquello que nos apetece, a aquello que es mas fácil y que da placer.
El autor dice que cualquier persona cuando actúa lo hace por un motivo bueno, por una buena intención o algún valor positivo ya que nadie quiere el mal en sí mismo.
El mal surge como consecuencia de buscar un bien de forma injustificada. Además, el fin, en ningún caso, justifica los medios.
Evidentemente, el mal no se busca por lo que es en sí, sino que se justifica para conseguir un bien mayor.
Por otra parte, a veces buscamos justificar acciones que no podemos hacer o que no nos convienen, fijándonos más en los aspectos positivos que nos van a aportar que en el mal que hacemos para conseguirlo.
La conciencia es un juicio entre la realidad y la realización plena del hombre y por tanto para juzgar la bondad de un acto, el hombre debe ver la realidad de un modo objetivo.
Respecto a la frase “el bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas" pienso que el mal en el mundo está presente, y por tanto, si no lo hubiera, tampoco habría bien. Con esto quiero decir que el hombre intenta hacer y buscar el bien pero que no siempre se consigue ya que si se consiguiese no existiría el mal.

Teresa Wicke dijo...

En el capítulo VIII se habla de la persona íntegra, que forma un todo en su ser, que forma un conjunto en sí misma, gracias a lo cual, podemos conocer decir que cada persona tiene dignidad.
Una vez que una persona se ha decidido a actuar, ya no puede decidir sobre lo que hace y lo que no, es decir, que ya se ha chocado con la realidad y ha decidido relacionarse con ella. Tendrá que aceptar lo que le ocurra, su destino, ya que toda acción lleva a algún lugar. Es muy complicado, casi imposible, modificar algunas cosas, por ejemplo, la realidad ya que es como es estemos nosotros en la realidad o no estemos sigue siendo la misma realidad pero nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. Cuando actuamos para conseguir algo, suele aparecer el sufrimiento y no podemos evitarlo sino que surge sin buscarlo.
El autor destaca tres posibilidades: fanatismo que se caracteriza por aquellos que piensan que el único sentido que existe es el que cada uno pone en su vida, en su existencia; el cinismo se caracteriza por la persona que no da ningún sentido a sus acciones ya que solo se fija en lo mecánico, en lo material, en el proceso sin tener una finalidad concreta y por último, la serenidad que se caracteriza por ser una actitud muy razonable del hombre frente al destino.
Para tener una vida recta es importante esta serenidad ya que para aceptar el destino hay que aceptarse a sí mismo y saber quién eres, saber cómo eres para tener una amistad contigo mismo.
La doctrina cristiana se opone a los estoicos quienes enseñaban a no tener pasiones y quienes decían que había que actuar simplemente por una razón moral. Estos se contradecían porque también hablaban de aceptar la naturaleza y las pasiones son naturales ya que de repente nos surgen y nos vienen, no las buscamos nosotros. En cambio, la doctrina cristiana enseñaba la serenidad ante el destino pero con dos características: una motivación nueva y un realismo mayor que anteriormente.
La serenidad es una característica del hombre feliz y cualquier persona normal que es feliz tiene la necesidad de querer transmitirlo. Esto también se consigue a través de un actuar coherente, cuando la persona busca un sentido de verdad en su vida, cuando la persona busca realizarse.

Teresa Wicke dijo...

En el capítulo VIII se habla de la persona íntegra, que forma un todo en su ser, que forma un conjunto en sí misma, gracias a lo cual, podemos conocer decir que cada persona tiene dignidad.
Una vez que una persona se ha decidido a actuar, ya no puede decidir sobre lo que hace y lo que no, es decir, que ya se ha chocado con la realidad y ha decidido relacionarse con ella. Tendrá que aceptar lo que le ocurra, su destino, ya que toda acción lleva a algún lugar. Es muy complicado, casi imposible, modificar algunas cosas, por ejemplo, la realidad ya que es como es estemos nosotros en la realidad o no estemos sigue siendo la misma realidad pero nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. Cuando actuamos para conseguir algo, suele aparecer el sufrimiento y no podemos evitarlo sino que surge sin buscarlo.
El autor destaca tres posibilidades: fanatismo que se caracteriza por aquellos que piensan que el único sentido que existe es el que cada uno pone en su vida, en su existencia; el cinismo se caracteriza por la persona que no da ningún sentido a sus acciones ya que solo se fija en lo mecánico, en lo material, en el proceso sin tener una finalidad concreta y por último, la serenidad que se caracteriza por ser una actitud muy razonable del hombre frente al destino.
Para tener una vida recta es importante esta serenidad ya que para aceptar el destino hay que aceptarse a sí mismo y saber quién eres, saber cómo eres para tener una amistad contigo mismo.
La doctrina cristiana se opone a los estoicos quienes enseñaban a no tener pasiones y quienes decían que había que actuar simplemente por una razón moral. Estos se contradecían porque también hablaban de aceptar la naturaleza y las pasiones son naturales ya que de repente nos surgen y nos vienen, no las buscamos nosotros. En cambio, la doctrina cristiana enseñaba la serenidad ante el destino pero con dos características: una motivación nueva y un realismo mayor que anteriormente.
La serenidad es una característica del hombre feliz y cualquier persona normal que es feliz tiene la necesidad de querer transmitirlo. Esto también se consigue a través de un actuar coherente, cuando la persona busca un sentido de verdad en su vida, cuando la persona busca realizarse.

Begoña Rodríguez-Ferro Goenechea dijo...

hola a todos!!

Me ha llamado mucho la atención una parte del capítulo VII en el cual se indica como hay casos en los que se comprende por sí mismo lo que hay que hacer y otros casos son conflictivos, conflictivos de deberes. En algunos momentos de nuestra vida nosostros decimos algo, pero que luego estamos en desacuerdo por diversos motivos (porque hemos razonado o porque anteriormente nos faltaba información), por eso no es correcto manter la palabra dada. Esto es muy fácil de hacer en situaciones cotidianas; pero en otras situaciones más complejas nos cuesta más porque tenemos más responsabilidades. A una persona con capacidad de juicio y de recto pensamiento, le resulta evidente (teniendo en cuenta que tiene la jerarquía de importancias y apremios). Responsabilizarnos de todas las consecuencias de nuestros actos y omisiones depende entre otras de lo que uno es para otro.
Dicho esto os pongo un ejemplo que he pensado sobre esto que en mi opinión nos dará que pensar: un soldado cuando termina de formarme jura lealtad a su bandera y obediencia debida a sus superiores. Pero imaginaros que un superior le manda atacar una población de civiles. ¿Deberá este atacarla aunque vaya contra sus princios? Antiguamente estos mismos obedecían todo lo que tenían que hacer aunque estubieran en desacuerdo; hoy por hoy hay una nueva ley que se llama ¨leyes y usos de la guerra¨ que permite a estos soldados respaldarse debidamente ante estas ordenes si están en demasiado desacuerdo. Claro esta se les juzgará luego.
Me parece apropiado también destacar que es falso decir qeu estamos obligados siempre a hacer lo mejor de lo posible porque en general esto no es verdad.


Begoña Rodríguez-Ferro Goenechea
2ºlengua extranjera

alberto ruiz viseras dijo...

En el capitulo Spaeman nos habla sobre la voluntad del hombre para dirigir sus actos de manera que sin interferir negativamente en los demás actuemos con bondad de manera que nuestros actos sean buenos,"no hagas a los demás lo que no deseas para ti" estoy de acuerdo con esto en la gran mayoría de los casos en los que las cosas malas que no quieres para ti tampoco se los desees al prójimo pero hoy en DIA creo que los pensamientos,ideologias,razas, costumbres,religion,son muy diferentes unos de otros y creo que también es un factor que afecta considerablemente a que una sociedad actúe justamente de una manera o otra pensando que sus pensamientos son los buenos y que se deben imponer sobre los demás, también quería comentar sobre
"La serena aceptación de la realidad" como la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo misma aceptando la realidad donde subsiste e intentar mejorarlo para conseguir una vida feliz

gironamimpulsa dijo...

Como dice Spaemann, cuidado con la orientación de la consciencia.

Me encanta la frase "amar al prójimo cómo a ti mismo" mucho más positiva que " no hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti".

En este punto, mostrar todo lo que se puede hacer en lugar de de lo que no, siempre es más positivo y optimista.

En el segundo capítulo, nos hace una diferenciación de tres tipologías de personas:

El fanático, desea que el mundo tenga su sentido, el cínico, niega que haya este sentido y el sereno, acepta la naturaleza de las cosas.
Esta aceptación, que suele ir precedida de una resignación, es lo que nos acerca a Dios.

Aceptar el destino, los contratiempos, el sufrimiento de manera virtuosa nos lleva a la felicidad, es la felicidad.

A mi modo de ver y de hacer un nexo de unión con los capítulos de la semana, Spaeman, viene a decir que el mundo está lleno de buenas personas, buenas intenciones...pero esto no justifica que el desconocimiento de la ley exima de culpa. Nuestras acciones, todas y cada una de ellas, nuestra manera de actuar, va ahondando en nuestro ser de una determinada manera. La elección de nuestras actuaciones, nuestras decisiones constantes en definitiva nos hará conformarnos de tal o cual manera.
Por esto la importancia de la formación y de la intencionalidad de estos aprendizajes.
No tenemos que conformarnos con el aprender por aprender si no qué aprendemos, qué nos "dejamos enseñar"

No sé si me voy mucho del tema, pero es a lo que me ha llevado el capítulo; entiendo que con la máxima de la serenidad, aceptación mediante las virtudes de lo que la vida depara, la felicidad deja de ser la guinda del pastel en un momento puntual para ser el whisky de la tarta al whisky...

Hasta el viernes!

Segundo Avial, LE dijo...

El capítulo VII parece ser una recopilación de temas tratados anteriormente.
O puede que no me haya enterado de nada.
Nos recuerda que la buena intención, pese a ser un requisito para obrar bien, no es suficiente. La conciencia, a veces, se equivoca; “no es un oráculo, es un órgano”.
Hay que tener cuidado con lo que somos capaces de justificar con la buena intención, escudándonos en nuestra buena intención podemos comportarnos de manera muy injusta, desviando la atención de lo oscuro de la acción en sí para que podamos conseguir algo que nos viene bien, porque nos realiza, nos tranquiliza, nos da ventaja en algo, o nos hace creernos mejores personas; cuando lo que estamos consiguiendo es hacer que los demás paguen por las consecuencias de nuestros actos. De esta manera nos da igual cómo afecten a los demás nuestras acciones disfrazadas con buena intención, y eso es tratar a los demás como medios. Y no debemos olvidar que todos somos fines; hombre y mujer son iguales en dignidad, y la dignidad es algo incalculable: “Por eso decía Kant que el hombre no tiene valor sino dignidad, ya que cualquier valor es conmensurable y puede entrar en cálculo comparativo”. La dignidad nos excluye de cálculo para hacernos medida de cálculo, fines en nosotros mismos.
Y creo importante también que a raíz de esto debemos dedicar tiempo a nosotros mismos, a realizarnos. La vida no nos respeta, y por ello nosotros tenemos que hacer un alto para reafirmarnos, conocernos, y así poder respetarnos nosotros mismos. Puede que debamos decir que no a los demás para poner nuestras cosas en orden, para ser más justos, para ser menos manipulables, para apreciar mejor la bondad en los actos de los demás, y para poder entonces perdonar y llegar a la reconciliación cuando no se nos ha tratado con justicia.
“Todos necesitamos (…) perdón. Pero sólo puede exigirlo quien (…) esté dispuesto a perdonar sin reservas. Indulgencia, perdón y reconciliación son algo más alto que la justicia”.
Y es que la justicia no nos permite volver a empezar de cero como si no hubiera pasado nada, deja secuelas. El perdón y la reconciliación sí nos permiten volver empezar de cero.

Ainara Sanz dijo...

En este séptimo capítulo se vuelve a tratar el tema de la conciencia en relación a nuestros actos. La conciencia, decíamos en el capítulo anterior, es una especie de juicio que se forma en nuestro interior y que dirige al hombre a realizar buenos actos, hacia el bien.
Cuando realizamos un acto, lo hacemos con una intención. Esta normalmente suele ser buena puesto que nadie quiere el mal, aunque en muchas ocasiones queremos el mal como medio para obtener un fin que no tiene porque ser malo. Cuando realizamos este tipo de actos malos, intentamos sacar los aspectos positivos de esta olvidándonos de los malos; sin embargo, la conciencia, nos hace ver los todos aspectos de esa acción, tanto los positivos como los negativos, para que intentemos reparar aquello que hemos hecho mal.
Platón decía: “Nadie puede obrar si no es por amor de un bien, un valor”, esta frase, refleja, que el hombre cuando actúa lo hace con una intención, deseando algo bueno positivo, pero ¿cómo sabemos si una acción es buena? Hengstemberg decía que la acción buena es la que hace justicia a la realidad, sin embargo, lo que hay son hombres buenos y no acciones buenas y el amor es lo que hace bueno al hombre.
Me gustaría terminar el comentario de este capítulo, con lo que se denomina la regla de oro y que resume todo:” No hagas a los demás lo que no te gustan que te hagan a ti”. Muchas veces actuamos para obtener nosotros un fin, utilizamos a otras personas como medios y sin embargo, no nos damos cuenta de que podemos perjudicar a otros con nuestros actos, por ello, antes de actuar debemos pensar si a nosotros nos gustaría que nos hiciesen eso.
Ainara Sanz(2ºLengua Extranjera)

Ainara Sanz dijo...

En el octavo capítulo, también el autor tiene como tema central el actuar del hombre en relación al destino. Muchas personas justifican su mala actuación a su forma de ser, el ser de una manera viene determinado por nuestras acciones. El hombre cuando actúa comete errores y es importante que sepamos aceptar nuestros fracasos.
Al principio del capítulo, se trata el tema del destino. Muchas de las cosas que nos suceden no podemos controlarlas y forma parte de nuestra vida. No podemos controlar a largo plazo las consecuencias de las actividades que realizamos. Existen tres posturas diferentes sobre lo que sucede:
-Fanatismo: es aquella idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. El fanático, se enfrenta a la hegemonía del destino, quiere variar las condiciones. Al cabo del tiempo, el fanático se convierte en cínico cuando experimenta el poder de la realidad que combate
-Cinismo: renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico.
-Serenidad: es aquel que acepta con serenidad aquello que no puede cambiar, aquel que acepta que nos se puede modificar las cosas ya que aunque no queramos van a suceder
Como decíamos anteriormente hay personas que no aceptan el destino y que creen que pueden cambiar el curso de las cosas. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo y por tanto no puede darse una vida recta, por tanto una propiedad de hombre feliz es la serenidad puesto que acepta todo lo que le rodea. Para finalizar, me gustaría destacar una frase de Espinosa que me ha llamado mucho la atención: “La felicidad, no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”
Ainara Sanz(2ºLengua Extranjera)

Ainara Mensaque Ruiz dijo...

Voy a comentar las cosas que me han parecido interesantes del capítulo VII.
El capítulo nos empieza hablando de la conciencia, sabiendo que actuar en contra de la conciencia siempre es malo y que no todo lo que se hace a conciencia tiene que ser necesariamente bueno. La conciencia no es un oráculo, puede estar mal orientada.
Respecto a este tema de la conciencia Kant dice que no se puede entender algo como bueno, sino está incluida una buena voluntad. Entendida como aquella voluntad que desea el bien. El problema que tiene esto, es que con la buena intención se podría justificar todo tipo de injusticias. Ya que todo el que actúa, tiene una buena intención. Por lo general, todo el mundo desea algo positivo nadie quiere el mal como tal.
Platón, afirma que nadie puede obrar sino es por amor a un bien o a un valor. El mal consiste entonces en perseguir un bien, de una manera que no se pueda justificar, se acepte o se cause a cambio de un mal. La buena intención no cambia la injustita de un acto. Si todo acto se justificara por buena intención, el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento.
La conciencia dificulta esa expulsión y nos recuerda el conjunto de los aspectos de nuestra acción. El mal con esta afirmación podríamos decir que es como la renuncia a prestar esa atención. Quien actúa mal, es porque no quiere saberlo. Y esto es lo que está mal, no el hecho de que haya una intención mala. La bondad de un acto tiene que ver con mirar limpiamente a la realidad.
Muchas veces tenemos una opinión sobre algo como bueno y cuando pasa el tiempo dejas de verlo así, por las circunstancias o por lo que haya pasado en ese paso del tiempo. Con esto, introduzco que la moral no es algo accidental, que se añade a las otras muchas cosas que forman la realidad. Moralidad es ciertamente lo mismo que realidad.
Hengstemberg decía que la acción buena, es la hace justicia a la realidad. Para ello, son importantes los valores que se van desarrollando en nosotros por el proceso educativo y los conocimientos adquiridos.
El mayor obstáculo para juzgar objetivamente qué se ha de hacer, aparece cuando no somos capaces de poner entre paréntesis nuestros propios intereses. Es decir, podemos denominarlo como un egoísmo primitivo. De aquí aparece la regla moral más extendida: “No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti”.
Para que una actividad sea buena, es necesario que la relación con las cosas, animales, personas… sea conforme con su valor propio. Por lo tanto, se reitera el hacer justicia a la realidad. Hay que tratar al hombre como un ser que es un fin en si mismo. Esto quiere decir que aunque utilicemos a los demás como medios para otros fines, nadie debe considerarse medio sin al mismo tiempo considerarse un fin.
Kant dice que el hombre no tiene valor sino dignidad. Entendiendo como dignidad, aquella propiedad de cualquier ser, excluida de cálculo, por ser él mismo medida de cálculo. La dignidad del hombre es universal, no es una parte junto a otras de la realidad. En la conciencia del hombre percibe que debe de hacer justicia a un todo, por esto la persona merece un respeto incondicional. Incluyendo el respeto a uno mismo.
En algunas ocasiones, cuando se produce un cierto grado de abundancia, no es bueno para el hombre porque ciega el valor de apreciar las cosas.
Por último, decir que hay personas que tienen más altura moral que otros, y no significa que se les permitan más que a los demás. Más bien tienen más, porque pueden ver y entender más que los demás.
Existe la posibilidad de que el hombre conozca su limitación y que la mire en las demás y perdone. No sólo existe justicia, también reconciliación y perdón. Esto es más alto que la justicia.

Damián dijo...

Como decíamos en el capítulo anterior, la conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito. Pero la conciencia puede estar mal orientada. Debemos partir de que todo el que actúa lo hace con una buena intención. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal. Y entonces nos planteamos una cuestión: ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? la bondad de un acto tiene que ver con una mirada limpia a la realidad. Como detalle se puede pensar en situaciones en las que algo que, por lo general es bueno, ahora no lo es. También se dan situaciones en que es no solo justo, sino obligatorio, posponer los deseos de los demás a los propios.

Del capítulo último, me ha impresionado mucho la frase de que cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, eso significa también que nu8estra actividad anterior reviste para nosotros el carácter de destino.

Anónimo dijo...

Inmaculada Carreño
2ºmagisterio de primaria

Voy a comentar acerca de las reglas universales:
Queremos el mal para conseguir un fin que no es malo en sí, pero no todo lo podemos justificar de esta manera, puesto que no está bien obrar mal para llegar al bien.
La dificultad de pensar objetivamente es no mirar los propios intereses, es decir, “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Bernard Shaw añade “no hagas a otro lo que
quieras que se te haga a ti, pues podría ser que tuviera un gusto diferente al tuyo”. Hay que
tratar a las personas por lo que son; según Kant las personas no tenemos valor, sino dignidad,
puesto que todo aquello que tiene valor es comparable y las personas no lo son.
Para obrar bien hacia los demás primero tenemos que saber hacerlo hacia nosotros mismos.
Todos tenemos nuestros defectos y cada uno es deudor de su prójimo.
Las reglas universales nos ayudan a probar la imparcialidad de juicio en algunas cosas.
Hegel apunta que sólo el que, sin cerrar los ojos a la injusticia, está dispuesto a perdonar sin
reservas, puede exigir ser denominado como bueno. Es decir, que no solo existe la justicia,
sino que también existen la reconciliación, el perdón y la indulgencia.

Clara Navarro Roldán dijo...

El tema 7 empieza fuerte: nada de lo que haga contra la conciencia puede ser bueno y matiza (menos mal) que no todo lo que se hace en conciencia es bueno. La conciencia (esa brújula, Pepito Grillo, etc.) es un órgano y por lo tanto puede estar equivocada. Pero nadie nos puede decir si es nuestra conciencia la que ahí nos habla. Después señala algo que puede parecer una obviedad, pero no lo es. Nos dice que todo el que actúa tiene, a cierto modo, una buena intención. Desglosando esta frase nos damos cuenta de la necesidad de una definición del no bien, es decir, del mal (ausencia de bien en verdad). El mal consiste pues, en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se acepta o se causa un mal.

Del tema 8, me limitaré a poner el párrafo que más me ha llamado la atención. Creo que lo explica perfectamente de por sí solo: “solo en el transcurso de nuestra vida descubrimos las fronteras que nuestra naturaleza nos traza de antemano. Y si es cierto que cada una de nuestras acciones ejerce un influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, eso significa también que nuestra actividad anterior reviste para nosotros el carácter de destino. Es decir, cada palabra puede cambiar la valoración de lo sucedido, pero nunca ya será como antes.

Raquel Pérez Sánchez dijo...

En el capítulo VIII se menciona tres posibilidades ante la relación de situarse con lo que sucede.
• Fanatismo: Idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si se conoce el hecho de que quien actúa se enfrenta a la hegemonía del destino entonces se niega aceptarlo. Varía las condiciones ambientales o se va a pique. Es el revolucionario que no reconoce los límites morales a su proceder porque gracia a éste adquiere sentido el mundo.
• Cinismo: La realidad está en contra del sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. Cree en el derecho del más fuerte. Es inaferrable porque toma de antemano el partido de la realidad a falta de sentido.
• Serenidad: Se actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, lo que posibilita u actividad y su posible fracaso porque sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido se da en el mundo. Significa afirmación de una realidad que merece se le ayude modificándola.
El fanático se convierte en cínico cuando ha experimentado el poder de la realidad que él combate. Ambos están de acuerdo en que la realidad que rodea nuestras acciones no tiene sentido.
La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición de una vida feliz y para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad.


Raquel Pérez Sánchez
2ºMagisterio Educación Infantil

Pía Fdez dijo...

Podríamos definir la conciencia como una llamada de atención. Hemos observado que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque la conciencia puede estar desviada. No se puede certificar completamente que alguien actúa en conciencia, incluso ni nosotros mismos .Debemos seguir lo que nos parece ver, ya que todo el que actúa persigue en principio una buena actuación. Todos buscamos lo positivo, lo que nos aporte la llamada felicidad. Sin embargo podemos introducir el mal como un medio para alcanzar un fin decente. De modo que no basta solo con perseguir un fin bueno o realizar una buena actuación si debes utilizar el mal para alcanzarlo.En definitiva,Se podría resumir en esta frase de Kant en la que nos dice: ´´No se puede pensar que exista algo ,dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser por buena voluntad´´.

Jennifer Fernandez 2º Ed. Infantil dijo...

Buenas tardes voy a hacer un breve resumen del capitulo VIII:
La ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros. Aquello que es como es sin intervención nuestra.
La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio. Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.
El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad, lo hace al actuar.
Los hombres al actuar modifican las condiciones que enmarcan su comportamiento, es decir la historia.
Actuar significa despreocuparse de sí y de las propias intenciones. La actividad finita es una ejercitación de la muerte. La vida de cada hombre es un todo de sentido.
Existen 3 posibilidades:
-Fanatismo; el fanático es el que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos o ponemos y quiere variar las condiciones ambientales, es el revolucionario que no reconoce los límites morales a su proceder. El punto de vista moral parte de que el sentido está en la existencia de cada hombre.Al fanático se le puede explicar
-Cinismo; El cínico es lo contrario que el fanático. Adopta el partido de la realidad contra el sentido. Una acción con sentido sólo puede darse si nos situamos en una relación positiva con la realidad que nos depara el marco de nuestra acción. Al cínico sólo se le puede abandonar a sí mismo.
-Serenidad; la serenidad es la actitud razonable del hombre frente al destino es la actitud de aquel que acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar. Es la afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo.La doctrina cristiana sobre la vida enseña también la serenidad ante el destino, por su mayor realismo y por una motivación nueva; el realismo consiste en que los límites de la subjetividad natural son delimitados de acuerdo con la realidad. La persona serena actúa con firmeza.

La resignación ante lo inevitable es algo propio del hombre.

Rocío Rodríguez González dijo...

Me ha llamado mucho la atención el capítulo ocho más concretamente donde se trata el tema de si algo se puede justificar con la frase “ es que soy así”. Después de leer el capítulo te das cuenta de que es una frase que no justifica en ningún caso nada; ya que el “ser” no es una magnitud fija en una persona, sino que el ser se va configurando con nuestras acciones, por lo tanto decir “es que soy así” no es correcto, ya que ese “ser así” se puede cambiar si cambian tus acciones. Realizando las acciones s como vamos configurando nuestro destino. Aunque una persona no quiera actuar para no formarse un destino, ese no actuar (esa omisión de acciones) se convertirá en destino igualmente.

Rocío Rodríguez González
2º Ed. Infantil.

Cristina Granados Martínez dijo...

Como ya hemos visto en capítulos anteriores, lo que hacemos en contra de la conciencia no puede ser bueno, pero la conciencia puede equivocarse y podemos actuar en conciencia creyendo que hacemos algo bueno y que no sea así. Generalmente cuando el hombre actúa en conciencia, hace lo que cree que es bueno, pero no podrá saberlo con certeza.

Después de reflexionar lo que dijo el filósofo Kant, nos hacemos la siguiente pregunta ¿qué es una buena voluntad? Probablemente sea aquella que nos hace hacer el bien, pero no es lo mismo que la buena intención, ya que esta podría servirnos como justificación de todos los malos actos e injusticias.

Podemos decir que el que actúa mal, no sabe lo que hace, pero la realidad es que no quiere saberlo. Podríamos definir el mal comp una renuncia a prestar atención. Por lo tanto, si no queremos saber lo que hacemos estamos renunciando a prestar atención a esa acción, lo cual sería una acción mala, aunque en sí misma la intención no sea mala.

Moore denominó "falacia naturalista" a los intentos de significar lo que pensamos cuando decimos que algo es bueno.
hat muchas veces que sin actuar con maldad o de manera egoista sino actuando de manera justa es necesario posponer los deseos o necesidades de los demás a los propios. La falacia naturalista consiste en intentar engañarnos a nosotros mismos sustituyendo el bie por cualquier otro contenido. Y digo que es engañarnos a nosotros mismos porque el bien es algo absoluto. Si el bien es lo que tenemos que hacer, no hay nada, ningún contenido ni ningún valor que pueda anteponerse a él.

Cuando debemos juzgar de una manera objetiva lo que tenemos que hacer, el obstáculo principal con el que nos encontramos, es anteponer aquello que debemos hacer porque es lo bueno, a nuestros propios intereses.
Esto podemos relacionarlo con la regla de oro: no hagas al otro lo que no quieras que te hagan a ti, sino hacer a los demás aquello que quieres que te hagan a ti.

Para que podamos considerar una acción como buena, es necesario que esa acción esté de acuerdo con nuestros propios valores.
No podemos considerar al otro como un medio, olvidándonos de que él es sí mismo es un fin.

Kant dijo que el hombre no tien valor, sino dignidad entendiendo esta como aquella propiedad a la cual alguien es excluido de cualquier cálculo, ya que él mismo es medida del cálculo.

Un saludo.

Paloma MC dijo...

CAPÍTULO VII

Resumen

Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar mal orientada. ¿Qué es entonces una buena voluntad? Seguramente, aquella voluntad que desea el bien.

La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el
mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo, algún valor, sea que se trate del placer, de una satisfacción espiritual, incluso de la felicidad de los demás, de la justicia, o de lo que sea. Platón afirmaba que nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.

No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo.
El mal se puede definir como renuncia a prestar atención. Quien actúa mal, se podría decir, no sabe lo que hace. Lo que ocurre sencillamente es que no quiere saberlo. Y precisamente ahí, y no en una intención expresamente mala, está el mal. ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad.

Se puede pensar efectivamente en situaciones en las que algo que, por lo general es bueno, ahora no lo es. Tampoco el altruismo es siempre bueno. Se dan situaciones en que, sin ser egoísta, y de acuerdo con una medida justa e imparcial, es no sólo justo sino obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios. El "ama a tu prójimo como a ti mismo" no significa: "ámalo sobre todo", sino: no hagas diferencia entre el amor a ti mismo y al prójimo.

La falacia naturalista consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera. El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas.

La acción buena es la que hace justicia a la realidad. Señala el sentido de los valores que ha desarrollado en nosotros el proceso educativo y los conocimientos que hemos adquirido.

Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: que en relación con las cosas, con los animales, las plantas y los hombres, e incluso nosotros mismos, se comporte uno de acuerdo con su valor propio; es decir, que hagamos justicia a la realidad. Esto significa en primer lugar y ante todo, que tratemos a cada hombre corno un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo.

.../...

Paloma MC dijo...

CAPÍTULO VII

Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar mal orientada. ¿Qué es entonces una buena voluntad? Seguramente, aquella voluntad que desea el bien.
La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo, algún valor, sea que se trate del placer, de una satisfacción espiritual, incluso de la felicidad de los demás, de la justicia, o de lo que sea. Platón afirmaba que nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.
No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo.
El mal se puede definir como renuncia a prestar atención. Quien actúa mal, se podría decir, no sabe lo que hace. Lo que ocurre sencillamente es que no quiere saberlo. Y precisamente ahí, y no en una intención expresamente mala, está el mal. ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad.
Se puede pensar efectivamente en situaciones en las que algo que, por lo general es bueno, ahora no lo es. Tampoco el altruismo es siempre bueno. Se dan situaciones en que, sin ser egoísta, y de acuerdo con una medida justa e imparcial, es no sólo justo sino obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios. El "ama a tu prójimo como a ti mismo" no significa: "ámalo sobre todo", sino: no hagas diferencia entre el amor a ti mismo y al prójimo.
La falacia naturalista consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera. El bien es precisamente lo que no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas.
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PALOMA MC dijo...

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La acción buena es la que hace justicia a la realidad. Señala el sentido de los valores que ha desarrollado en nosotros el proceso educativo y los conocimientos que hemos adquirido.

Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: que en relación con las cosas, con los animales, las plantas y los hombres, e incluso nosotros mismos, se comporte uno de acuerdo con su valor propio; es decir, que hagamos justicia a la realidad. Esto significa en primer lugar y ante todo, que tratemos a cada hombre corno un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo.

Kant decía que el hombre no tiene valor sino dignidad, ya que cualquier valor es conmensurable y puede entrar en un cálculo comparativo. Llamamos "dignidad" a aquella propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida del cálculo.

Un cierto grado de abundancia no es bueno para los hombres, porque los ciega para apreciar el valor de las cosas. ¿Qué es lo que hace buena una acción? La respuesta es que tenga en cuenta la realidad. Este tipo de respuestas tiene, siempre, algo de insatisfactorio.

Casi siempre es posible algo mejor que lo que uno hace.

Hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes más altos, o responsabilidades más amplias. Esto se debe a que la persona humana no es meramente un ser espiritual, sino que se manifiesta de modo natural gracias a su cuerpo y a su lenguaje. Cuando no se los respeta como representaciones de la persona, sino que se los utiliza como medios para alcanzar otra cosa, entonces la persona resulta utilizada sólo como un puro medio. De ahí deriva, en concreto, que son siempre malos la muerte directa e intencionada de un hombre, la tortura, la violación, o el uso de la sexualidad como medio para determinados fines.

Tampoco puede justificar su acción quien engaña a un hombre que confía razonablemente en él: instrumentaliza el lenguaje y desaparece como persona que se revela en él; quita además al otro la posibilidad de hacer justicia a la realidad puesto que voluntariamente rompe ese contacto con la realidad. Así, por ejemplo, nadie tiene el derecho de mentir a un enfermo, que seria y confiadamente pregunta por su estado, quitándole así la posibilidad de enfrentarse con su muerte.

* Hay una vieja máxima de los filósofos antiguos: AGERE SEQUITUR ESSE, EL OBRAR SIGUE AL SER. A fin de cuentas, LO QUE HAY SON HOMBRES BUENOS Y NO BUENAS ACCIONES. Lo que hace bueno a un hombre tiene un nombre en la tradición cristiana: AMOR. Medidos por esta medida del amor, sólo somos, con todo, condicionalmente buenos. *

Indulgencia, perdón reconciliación son algo más alto que la justicia.



Como aportación personal, reescribo el siguiente texto que me ha llamado la atención:

La regla moral quizá más antigua y extendida dice: "No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti". En el Evangelio, la así llamada regla de oro dice: "Debéis hacer a los demás lo que queréis que los demás os hagan a vosotros".


PALOMA MORENO CUADRADO
2º E. INFANTIL

Beatriz S dijo...

Cada vida humana es un TODO de sentido, por eso el actuar humano del presente tiene unas repercusiones en las acciones futuras. Es la persona quien tiene que responder de sus acciones, ya que lo que haga es algo irrevocable, y que no tiene vuelta atrás.
El hombre, cuando actúa no tiene la posibilidad de relacionarse o no con la realidad, ya que esta relación esta implícita en el hecho de actuar. Cuando se comienza a actuar, se produce una aceptación del destino, tanto del pasado como del futuro, pues para el hombre no existen acciones que provengan de la nada y conduzca a la nada, todo tiene un inicio, un fin y una repercusión, por lo tanto, al actuar acepta unas condiciones dadas.
A diferencia de los animales, los hombres poseemos historia, que es el resultado de la modificación de las condiciones que enmarcan el comportamiento humano al actuar.
También debemos tener en cuenta, que nuestra actividad no comienza de cero, es más, a lo largo de nuestra vida descubrimos unas fronteras trazadas de antemano por la naturaleza. Por ello remarcar que al igual que nuestras acciones ejercen influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, nuestra actividad anterior forma parte de nuestro destino.

Beatriz Arrarte Vidal de la peña dijo...

Cada vida humana es un TODO de sentido, por eso el actuar humano del presente tiene unas repercusiones en las acciones futuras. Es la persona quien tiene que responder de sus acciones, ya que lo que haga es algo irrevocable, y que no tiene vuelta atrás.
El hombre, cuando actúa no tiene la posibilidad de relacionarse o no con la realidad, ya que esta relación esta implícita en el hecho de actuar. Cuando se comienza a actuar, se produce una aceptación del destino, tanto del pasado como del futuro, pues para el hombre no existen acciones que provengan de la nada y conduzca a la nada, todo tiene un inicio, un fin y una repercusión, por lo tanto, al actuar acepta unas condiciones dadas.
A diferencia de los animales, los hombres poseemos historia, que es el resultado de la modificación de las condiciones que enmarcan el comportamiento humano al actuar.
También debemos tener en cuenta, que nuestra actividad no comienza de cero, es más, a lo largo de nuestra vida descubrimos unas fronteras trazadas de antemano por la naturaleza. Por ello remarcar que al igual que nuestras acciones ejercen influjo indirecto sobre nosotros mismos configurándonos, nuestra actividad anterior forma parte de nuestro destino.

Cristina Pozo Gómez dijo...

Mi cometario va a estar basado en el siguiente párrafo:“Hemos visto que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, aunque vimos también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar mal orientada. Además, ninguna introspección, ninguna inmersión en nuestro interior nos dice si es nuestra conciencia la que ahí nos habla.”
Una persona puede obrar en conciencia equivoca y actúa en consecuencia. Cuando esto ocurre no está actuando mal, ya que no se es consciente de que el acto este mal, es decir no está actuando de forma contraria a su conciencia. Para evitar la equivocación al obrar ha de formar la conciencia. Cuanto más se forma la conciencio, más libre se es. Cuando vemos que una persona está actuando mal se le ha de ayudar. Debemos de ayudar a los demás a obrar en conciencia. Pero si el acto está mal y su consciencia es equivoca debemos ayudarle pero nunca obligarle, ya que nadie puede ser obligado a obrar contra su propia consciencia.

PALOMA MC dijo...

CAPÍTLO VIII

La Ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros.

Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto. Incluso si actúa a manera de prueba, experimentalmente, o no quiere prever las consecuencias de su acción, lo que aquí y ahora ha hecho o dejado de hacer es algo irrevocable y forma ya parte de su vida para siempre. Corno tal tiene que responder de ello.

Si entendemos la libertad como simple independencia, entonces no nos queda más que una cosa: suicidarnos, sustrayéndonos así a la marcha del mundo.

Para el hombre acción alguna que no tenga presupuestos, que venga de la nada y conduzca a la nada, eso significa ya haber aceptado unas condiciones dadas.

Quien no puede o no quiere hacerlo sigue siendo un niño. A esas condiciones dadas de antemano pertenece no sólo el cuadro exterior de nuestra actividad, sino también nuestro modo de ser, nuestra naturaleza, nuestra biografía. No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. Sin duda, constatar simplemente "es que yo soy así", cuando uno se ha comportado injustamente, es una mala excusa.

Pertenece a una vida justa tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable. Puede cambiar la valoración de lo sucedido, podemos abrir un nuevo camino, pero nunca será ya como antes.

No podemos controlar las consecuencias alargo plazo de nuestra actividad.

¿En qué relación podemos situarnos con lo que sucede?
Caben tres posibilidades, denominadas: fanatismo, cinismo, y serenidad.

- FANÁTICO: es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.

Lo ocntrario del fanático es el cínico.

- CÍNICO: no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. Cree en el derecho del más fuerte. Es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido.

A menudo, después de álgún tiempo, el fanático se convierte en cínico.
Al fanático, se le puede quizá explicar, al cínico naturalmente, no.
Quizás puede ayudarle el amor, pero sólo si él quiere y ve que el cinismo es una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.

La actitud razonable del hombre frente al destino, tal como lo ha señalado la filosofía de todos los tiempos, la denominamos serenidad.

- Serenidad: la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites. Lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, lo aceptemos o no. Y precisamente por eso debemos estar a buenas con ello, pues de otra manera tampoco podemos estar a bien con nosotros mismos, ya que nuestra propia existencia e idiosincrasia es destino.

Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo.

.../...

PALOMA MORENO CUADRADO
2º E. INFANTIL

Fátima Carrillo dijo...

No se puede fijar un límite superior de lo que hace una acción buena, porque siempre es posible hacer cosas mejores, pero si podemos poner un límite inferior: cuando se realizan acciones que dañan la dignidad del hombre, ya que las personas tenemos dignidad, merecemos un respeto incondicional.

Para que una acción sea buena es necesario hacer justicia a la realidad, esto es que hay que tratar a cada persona como un ser que es un fin en si mismo, la regla de oro es: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti.

Cuando surge la pregunta de ¿en qué consiste el bien?, aparece la falacia naturalista que no es más que sustituir el bien por otro contenido cualquiera.
El bien es lo que no puede ni debe dejar paso a otras cosas, el bien no puede esperar.

PALOMA MC dijo...

.../...

Dios es:
- origen y garante de las exigencias morales
-señor de la historia; es honrado también con nuestros fracasos y, además, garantiza la armonía definitiva de nuestras intenciones con la marcha del mundo.

La persona SERENA actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo.

La serena aceptación de la realidad es, como vimos, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición por tanto de una vida feliz, y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad. Una última idea debe explicar esto. Ya he dicho que las generaciones son destino unas para otras. Aceptamos el mundo tal como nos lo entregaron los mayores, y hemos mostrado ya cómo los jóvenes reciben de alguna manera la herencia que se les entrega, y prosiguen nuestros propósitos. La amistad entre las generaciones es condición para que el destino, que rodea nuestra actividad, no se muestre como algo enemigo.


Los MAYORES tienen la tarea de:
- introducir a los jóvenes en su mundo de valores hasta que puedan comprenderlo, de modo que desarrollen sus capacidades de identificación, y puedan entender su actividad independiente como un proseguir la tarea de los anteriores.
- dejar a los que vengan después un mundo tal que ellos puedan comenzar con esa herencia, de modo que no se enfrenten a él como a una poderosa infraestructura a la que no se pueden acomodar, y de manera que no tengan que recibir una herencia diezmada y expoliada.

Los JÓVENES sólo pueden actuar consentido si se sitúan en una relación positiva con la realidad inacabada con que se encuentran.


"La FELICIDAD no es el premio de la virtud, sino la virtud misma." (Espinosa)


Creo que esta última frase, es una muy buena conclusión tanto para el comentario, como para el libro y la asignatura.


PALOMA MORENO CUADRADO
2º E. INFANTIL

Paula Molina Martín 2 MAGISTERIO INFANTÍL dijo...

La conciencia nos permite que cada uno de nosotros actué de manera lógica o racional en situaciones, aunque no siempre se actué correctamente ya que la conciencia puede estar mal orientada.
Hay una frase que me llama la atención y se refiere a que todo el que actúa, actúa con una buena intención, nadie quiere el mal como tal, entiendo que si una persona hace el mal es porque su intención es obtener un beneficio propio, digamos un placer , pero actúa dañando al otro, su conciencia está siendo deteriorada por la búsqueda del placer.
El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se pueda justificar, se acepté el mal.
La bondad tiene que ver con una mirada limpia a la realidad, y solo puede distorsionar la realidad y no ser bueno cuando hay un sentimiento, la sensibilidad , la ambición….
Platón dice que el buen comportamiento es bueno por su bondad.
La regla moral que solemos aprender para que no caer en una intención mala es la de “no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”,obrar con buena intención es hacer justicia de la realidad.
Hay acciones que hasta lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin y que no pueden ser justificadas pro niveles más altos, esto quiere decir que la persona no es espiritual del todo, nos presentamos de forma natural gracias al cuerpo y al lenguaje. Cuando no se les respeta como representaciones de la persona, entonces la persona resulta un simple medio para alcanzar cosas, de que deriva el matar a una persona ,la manipulación, la esclavitud.

Guillermo Fontenla dijo...

Voy a comentar sobre el capítulo 7, a pesar que cada uno tenemos nuestra conciencia, cada uno piensa que la suya es la correcta y a veces se llega a pecar de soberbios, pensando que nuestro estilo de vida es la correcta y la mejor. No obstante pienso que por dicha soberbia, nos cuesta mucho reconocer errores que tenemos día a día y nos engañamos con cualquier escusa tonta, para mantener nuestra conciencia tranquila. Muchas peleas se podrían haber evitado si cada uno reconociese su derrota. Es muy fácil echar balones fuera sin afrontar nuestros errores e intentar solucionarlo. Esto es de cobardía total. Además pienso que se puede aprender mucho más de la derrota que de la victoria.
Guillermo Fontenla González

Guillermo Fontenla dijo...

Voy a comentar sobre el capítulo 7, a pesar que cada uno tenemos nuestra conciencia, cada uno piensa que la suya es la correcta y a veces se llega a pecar de soberbios, pensando que nuestro estilo de vida es la correcta y la mejor. No obstante pienso que por dicha soberbia, nos cuesta mucho reconocer errores que tenemos día a día y nos engañamos con cualquier escusa tonta, para mantener nuestra conciencia tranquila. Muchas peleas se podrían haber evitado si cada uno reconociese su derrota. Es muy fácil echar balones fuera sin afrontar nuestros errores e intentar solucionarlo. Esto es de cobardía total. Además pienso que se puede aprender mucho más de la derrota que de la victoria.
Guillermo Fontenla González

lourdes villanueva dijo...

Lourdes Villanueva

El autor se adentra en temas que han sido desde siempre tratados por el hombre, desde los primeros filósofos: El bien,la intención, la conciencia,es el ser humano el bueno o sus acciones...
El autor aborda estos temas de una manera entiendo que un poco dogmática ya que solo el hecho de que se sigan tratando despues de tantos siglos es porque no existe una verdad absoluta y definitiva al respecto como el autor nos la muestra.
El bien es absoluto o es el resultado de una buena acción hecha con buena intención ?. No es clara la respuesta. Son buenos los hombres o son buenas las acciones de los hombres ?. Tampoco esta claro en mi opinion ya que aunque parezca que es el hombre el que es o no es bueno, es la acción la que se relaciona con los demás y por tanto aporta o no bien al resto de los seres humanos.
Si parece en cambio bastante claro que una acción buena es la que aporta justicia a la realidad en la que vivimos.
Me parece en contraste muy cierto las ideas expresadas por el autor en el capítulo VIII. La serenidad. La idea es en si brillante.
Toda la corriente de la filosofia desde los epicuros a los estoicos se plantea si realmente el hombre puede actuar con libertad o no. Todo ello depende si admitimos o no como premisa que el destino ya esta escrito y por tanto tus acciones no lo van a mover de ninguna manera.Mientras unos admiten la libertad para actuar puesto que el cambio en tu destino es posible , los otros ( los estoicos ) defienden lo contrario.
En este último sentido la serenidad aporta al hombre la actitud correcta en la vida ya que no podemos cambiar las cosas que nos rodean y por tanto debemos aceptarlas con esa serenidad.
La serenidad como actitud es mas sabia que el fanatismo que supone que es el hombre quien da el sentido a las cosas o el cínico que quien sencillamente renuncia al sentido.
Este tema esta muy tratado por la filosofia y existen diferentes teorias contrapuestas.

Ana Presa Granero dijo...

El texto comienza exponiendo la idea de que “nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno”. Muchas veces, el ser humano obra en contra de lo que le dicta su conciencia, sin embargo, es cuando cometemos estas actos, cuando se crea en el ser humano un sentimiento de culpabilidad, sabiendo que la acción cometida no era la más acertada ni adecuada.
Sin embargo, la conciencia no tiene por qué estar siempre bien orientada, podemos tener conciencia cierta en un aspecto de la vida y sin embargo que esta conciencia sea errónea, de tal manera que encaminemos estos actos siguiendo a una conciencia mal orientada, por lo tanto estaremos actuando mal pero con conciencia. Por este motivo es tan importante orientar la conciencia, y más en el ámbito de la educación, pues es el que se encarga de encaminar de forma correcta distintos aspectos de la vida.
Cuando actuamos, solemos tener una buena intención en nuestros actos, sin embargo, puesto que nadie actúa mal como tal, ya que el hombre por naturaleza busca la felicidad y el obrar mal nos impide alcanzarla. “Todo el mundo desea algo positivo, algún valor, sea que se trate del placer, de una satisfacción espiritual, incluso de la felicidad de los demás, de la justicia, o de lo que sea” sin embargo el obrar mal, se da en el ser humano tras la persecución de un bien, o la idea equívoca de este, ya sea placer, ambición… por lo tanto, la conciencia es una llamada de atención ante estas acciones y debe ser atendida, de ésta es de la única manera que el hombre se sentirá realmente libre.

Jorge Nava 2º Educación Física dijo...

Hola buenas tardes, de los capítulos de esta semana la parte que me a parecido mas interesante es la de "la acción buena es la que hace justicia a la realidad", ante esto me he preguntado qué es la acción buena, mejor dicho que se entiende por acción buena, en esta propia frase dice que es la que hace justicia a la realidad, pero la realidad a mi entender no es la misma para todos, por ejemplo un daltónico no ve igual la realidad de un color que como la veo yo, y seguramente yo no la perciba igual que otra persona, creo que esta cuestión es algo compleja. Esto me ha hecho recordar un ejemplo que me puso un profesor de filosofía cuando tratábamos el tema de la realidad y decía que la realidad la percibimos cada uno de una manera, y me puso el ejemplo de que si te pones unas gafas de color rosa, ves todo de color rosa, pero realmente no es así, y con esto nos decía que lo que pensamos que es la realidad según la percibimos puede no serla.

Azucena Mayo dijo...

Me ha llamado mucho la atención la referencia que hace a la relación entre querer hacer el bien y el concepto de bien que tiene cada persona según su enseñanza o circunstancias vividas.
Esta referencia la he visto cuando el texto habla de que el ser humano, por naturaleza busca algo bueno, nunca va a querer hacer algo negativo, y por esto define el mal como la causa o aceptación de un mal en la persecución de un bien.
La conciencia también entra dentro de esta reflexión, ya que es la que hace, en mayor medida que actuemos bien.

Fco. Javier Lamela Pablos 2º E.F. dijo...

Hola,
¿Qué es lo que hace buena una acción? Supuestamente lo que hace buena una acción es la intención con la que se realiza esa acción, pero en realidad no es así porque la buena intención no cambia en nada la injusticia del acto. Porque podemos dejar de lado(aceptar) cosas malas con tal de conseguir una buena acción.

Aquí es donde entra la conciencia, que es una llamada de atención, y el mal es una renuncia a esa atención.

Al final nos damos cuenta de que lo que hace buena una acción es aquello que tenga en cuenta la realidad.

Pero también podemos obrar en conciencia pero no se estaría acutando correctamente porque nos podemos equivocar o podemos actuar en conciencia y dañar a los demás.

Un saludo

maria perez martin dijo...

Las personas actuamos condicionados por la propia conciencia y esto se ve determinado por la propia voluntad o placer. Esto es, actuamos buscando el placer por medio de los demás, utilizando a las personas como medio para lograr nuestros findes, no como fin en si mismos. En este caso aparecen las malas conductas, cuando obramos sin tener una conciencia.
Én el capitulo VIII también se habla del destino, sólo por la experiencia conocemos nuestros propios límites, es decir somos lo que somos por nuestras propias acciones , las cuáles determinan nuestro destino, tanto si nuestras actividades están orientadas a un fin como si no.

cvfghmj,, dijo...

Capítulo 7:
Spaemann dice que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno. La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien.
La buena intención se puede convertir en justificación para todo tipo de maldades e injusticias. El mal consiste en que al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se acepte a cambio un mal.
Añade que para que una acción sea buena, es necesario que haga justicia a la realidad. Lo que quiere decir que tratemos a cada hombre como un fin en sí mismo. La dignidad es una propiedad por la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida de cálculo. La dignidad de un hombre depende, de que es una totalidad de sentido, lo universal. Ser potencialmente moral.

Ernesto Schack Lobato dijo...

Comentar con buena voluntad no es suficiente. Ya que puedo estar diciendo barbaridades y justificarlas ¿verdad Kant?
Kant define esta buena voluntad como: La voluntad que es buena en sí misma, que es buena porque actúa exclusivamente por deber no porque gracias a su actuación el sujeto pueda alcanzar un determinado fin
Digamos que si seguimos como Kant acabaríamos diciendo que la verdad es la hija del tiempo, una especie de experiencia solidificada y sujeta al cambio, y finalmente, que no estábamos comentando; y que solo teníamos una intencionalidad real, dirigida a hacerlo.
¿Qué pasa si contamos con la intencionalidad y con su repercusión interna? Qué pasa si a conciencia escrutamos nuestras decisiones y encontramos una larga fila de flechas señalando hacia un bien, y otro bien y otro bien momentáneo. Pues la respuesta es simple, nuestra intencionalidad además de llevarse a cabo por buena voluntad estaría siendo persiste porque todos tendemos hacia el bien.
Nuestro mayor obstáculo somos nosotros mismos cuando la duda nos agarrota, o la mentira se apodera de nuestro cuerpo y nuestras palabras. Por ello hemos de hacer justicia a la realidad.
Si tenemos en cuenta la realidad, si nos dirigimos en verdad hacia la realidad, nuestros medios bien dirigidos hacia nuestro bien apropiadamente seleccionado, harán de nuestra acción; una buena acción.
El último fin del hombre no es egocentrista, sino “entreguista”. Siempre que no tengamos en cuenta todas y cada una de las posibles consecuencias de nuestra acción, se nos puede estar escapando un posible “mal”. Pero no un mal, malintencionado.
Así que ya sabéis: ¡Sed buenos! plantearos el reto de lograrlo y os divertiréis jugando a ser mejores.

Anónimo dijo...

Hola soy Víctor Antonio ballesteros Ruiz de lengua Extranjera.
El capitulo 7 empieza hablando de que ningún juez externo nos puede informar de si alguien actúa realmente en conciencia. Luego habla sobre que el mal comienza cuando a la hora de perseguir algún bien se cause un mal. Me parece relevante el hecho de que a este hecho en el libro sea sinónimo de injusticia.
Habla también de los que intentan calmar su conciencia cuando hacen algo mal, intentando desviar la atención de los aspectos negativos y centrarla en los aspectos positivos, aunque la conciencia o te deja expulsar ese mal estar. Cuando alguien actúa mal, no quiere ser consciente de lo qua hace. Después define lo que es una buena acción, es decir, cuando se mira con una mirada limpia a la realidad.
Sigue diciendo a continuación que la única acción que nunca puede esperar es el bien. Nunca debe dejar paso a otras cosas, y esta acción es la que hace justicia a la realidad. Continua diciendo que la regla moral por excelencia es no hacer a nadie lo que no quieres que te hagan a ti. Para que una acción sea buena, se tiene que hacer justicia a la realidad. La mayoría de las situaciones que nos encontramos son complejas y no se sabe con certeza lo que es bueno.
Prosigue diciendo que hay acciones que lesionan la dignidad del hombre y nunca pueden ser justificadas.
El capitulo termina diciendo que todos necesitamos el perdón, pero que solo el que esta dispuesto a perdonar puede pedirlo.
El capitulo 8 empieza diciendo que toda vida humana es un todo de sentido. cada uno tenemos que responder sobre nuestros actos. Dice que para nosotros no hay ninguna acción que venga de la nada y que no conduzca a la nada. Es decir, todos nuestros actos tienen causalidad y consecuencia. Prosigue diciendo que nosotros somos como somos sin poderlo modificar. Estoy parcialmente en desacuerdo con esta frase porque aquel que se estanca en como es y en su conformismo hace que jamás pueda mejorar como persona. Por eso a continuación dice que viene prefigurado por nuestras acciones.
También dice que quien actúa solo puede hacerlo si esta dispuesto a enfrentarse al destino. Actuar significa despreocuparse de si y de sus intenciones. Me ha gustado el modo en que denomina al fanatismo, la serenidad y el cinismo, diciendo que son los tres modos en que podemos afrontar las cosas. El fanático es el que no ve limites morales a su proceder. El cínico, en cambio, es el que considera la acción bajo el acontecer mecánico, sin normas morales. Ambos piensan que la realidad no tiene sentido. En cambio la serenidad es la actitud razonable del hombre frente al destino. El sereno acepta lo que no puede cambiar.
El capitulo termina definiendo lo que es la felicidad, diciendo que es la virtud misma y la persona feliz es la que tiene la necesidad de comunicar su felicidad.

ana jimenez paez dijo...

La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. A partir de esta frase Spaemann señala y afirma que todo el que actúa tiene de cierto modo una buena intención, que nadie quiere el mal como tal y que todo el mundo desea algo positivo. Desde mi punto de vista esta afirmación del autor no es del todo objetiva ya que hoy en dia sino no existiría por ejemplo el terrorismo. Además nosotros mismo somos conscientes de que en algún momento hemos actuado mal a propósito aunque afortunadamente como explica Spaemann al final del capítulo 7 existe el perdón, la indulgencia que nos devuelve de nuevo por decirlo de un modo más espiritual a la vida de la gracia. En este punto también Spaemann hace referencia a la relación entre perdón y justicia y afirma que el perdón, reconciliación.. son aspectos mucho más altos que la justicia y evidentemente la experiencia lo puede demostrar.
Otro punto que me gustaría destacar es esta conclusión ala que llega Spaemann tras varias páginas de meditación.” Un cierto grado de abundancia no es bueno para los hombres, porque los ciega para apreciar el valor de las cosas”. Me ha llamado la atención porque es algo muy presente en nuestra vida cotidiana y que todos deberíamos tener muy presentes ya que con facilidad se nos olvida .
Ene l capítulo 8 Spaemann nos habla del actuar y de las consecuencias que esto conlleva. En un primer momento he percibido que expresaba las consecuencias negativas que conlleva actuar o el riesgo que conlleva hacerlo ya que he encontrado frases como “el que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad”. Pero en mi opinión mucho más difícil es conocer la realidad para una persona que no actúa.
No sabemos lo que a la larga se sigue de nuestras acciones. Esto es cierto no sabemos que os deparará en el futuro y vivimos sujetos a lo que pase pero es algo que está dentro de nuestra naturaleza ya que la resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana sólo si lo inevitable se muestra realmente como tal.

Diego E. López dijo...

Actuar en conciencia es actuar de manera que, lo que haces, consideras que está bien; que es así como ha de hacerse. El problema está en saber si eso que tú consideras como algo bueno, es realmente bueno o está bien. Lo que hace a una acción buena es la que hace justicia a la realidad según aquello que nos han enseñado. Para ello una frase antiquísima puede servirnos muchas veces a la hora de tomar una decisión: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”.
Por otro lado está el mal, que es la justificación a una supuesta acción buena que no se puede justificar. De aquí que el mal se llegue a utilizar como justificación para conseguir algo que es bueno. Pero como sabemos, “el fin no justifica los medios” y hay que ser capaces de llegar a ese fin bueno en sí mismo sin hacer “lo malo”.

Diego López Pacho
2ºM Primaria

Reyes Cruz Marqués dijo...

buenas tardes a todos:

Hoy voy a comentar el capítulo siete titulado, Lo absoluto o ¿qué convierte una acción en buena? Este capítulo me ha hecho reflexionar en algunas cosas que os expondré a continuación, en reforzar algunos aspectos que estamos dando en la asignatura de Contenidos y a ver las acciones que se realizan y las personas que las ejecutan teniendo en cuenta otros aspectos.

Las acciones son buenas o no. Pero hay momentos en los que la conciencia, la intención puede cambiar esa pequeña o gran acción que íbamos a realizar, al estar en un “mal momento” reflexionamos el ser de las acciones y me hacen ver si una acción puede ser buena o no buena.

Se ha visto en los anteriores capítulos de este libro Ética: cuestiones fundamentales, que esto no puede ser así. La buena intención no cambia la bondad o maldad de un acto, entonces ¿quién sabe la intención del acto realizado? Tan solo se puede decir que quien sabe la intención de la acción es el sujeto que la ejecuta. Por lo tanto no dejaría de ser subjetivo y relativo. Porque habría que analizar las circunstancias y los motivos que le ha llevado a esa persona realizar esa acción solo lo sabe ella y nadie más.

Igual que decimos que las intenciones son subjetivas; como dice una vieja máxima de los filósofos antiguos: agere sequitur ese, es decir, lo que hay son hombres buenos y no acciones buenas. Por que quien es bueno o malo es el sujeto que las realiza no en sí mismas las acciones. Por eso tampoco se puede decir que una persona mala comete acciones buenas, porque si no diríamos que dicha persona es mala.

Un saludo.

Itziar Unda Velasco dijo...

VII ¿Qué convierte una acción en buena?

Nada de lo que se haga actuando en contra de nuestra conciencia se puede considerar como una buena acción, y no todas las actuaciones que se hacen en conciencia son buenas. Una persona puede obrar en conciencia y a la vez tener una conciencia errónea, mal formada. Pero esta mala formación no es natural, el hombre se dirige hacia el bien, tiene buen voluntad, no quiere el mal como tal. El mal es perseguir el bien de una manera que no se puede justificar. Como hemos visto anteriormente el fin no justifica los medios.

El hombre por naturaleza tiene buena intención, un buen deseo sobre algo, pero esto no implica que la acción en sí sea buena, por eso se ha de dejar guiar por la conciencia, que considera la justa realidad. El texto dice: La acción buena es la que hace justicia a la realidad.

Se dan situaciones en las que algo que es bueno por lo general en ocasiones no lo es, el texto lo ejemplifica mediante el altruismo. Está bien "amar al prójimo como a tí mismo", pero no hay que equivocarlo con "ama al prójimo sobre todo". Es muy díficil poner los límites de hasta dónde amar o hasta dónde no amar, por eso podemos ayudarnos con la regla de oro "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", entendida de una forma natural (ley natural), es decir, si a uno no le importa que le peguen porque le gusta la sensación de dolor, no tiene derecho, por mucho que para él sea algo medianamente bueno, a pegar a los demás.

El hombre como ser tiene un fín en sí mismo y debe dirigirse hacia ese fin que debe girar en torno a un bien. Tiene dignidad, que radica en que su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad, como ser moral, la persona merece un respeto que no está sujeto a condición.
En primer lugar,se ha de respetar a sí mismo, en la actualidad vemos que ese respeto no se da : en formas de vestir, en la consumición de drogas, etc.

Respecto a la educación, los padres muchas veces tienen un mal trato con sus hijos y cuando un profesor quiere ayudar a un niño e interviene, ellos no lo comparten, se sienten atacados en su dignidad, ignorados, y surge un conflicto. Muchas veces los padres se equivocan, igual que un profesor, pero ellos se creen que por ser sus hijos, por ser sus propietarios pueden hacer con ellos lo que les plazca.
Cuando un hombre comete en repetidas ocasiones malas acciones, calla su conciencia, ciega la capacidad de apreciar valores, por ejemplo cuando copia en los examenes muchas veces, llega un momento que la culpabilidad desaparece o cuando ve en la tele cosas que no debe y sabe que están mal, al final se acostumbra a hacerlo mal y la conciencia se malforma. De modo que más adelante no seamos capaces de saber lo que está mal o bien. Pero aún así el hombre lo puede llegar a descifrar, por la naturaleza de las cosas.

¿Qué está permitido hacer y que no?, ¿dónde están los limites?. Por arriba no hay limites, siempre se puede hacer lago mejor. Y por abajo considero que los límites están en las acciones que agreden la dignidad humana.
Todo hombre tiene un fín y el mundo en el que vivimos también lo tiene, para cada uno de nosotros, tiene un sentido que justifica la existencia.
El mundo está lleno de buenos homres que intentan cometer buenas acciones. En ocasiones estos hombres son más buenos que otros porque saben más y asimilan los conceptos en su vida. ¿No es más fácil vivir en la ignorancia?, de este modo la vida no sería una lucha constante.
Pero el sentimiento de culpabilidad seguiría existiendo y ya no sólo de nuestras acciones, también la culpabilidad de nuestra mera existencia, ocupamos el lugar que otro deja, pero a la vez cada uno es único. Cada uno es deudor de su prójimo.
Por este sentimiento de culpa es necesario y humano el remodimiento y el perdón. De este modo el hombre supera ese estado de culpa, es perdonado y perdona sin reservas.

Ana María Candela Valero 2º EP dijo...

Hola a todos.

En el último capítulo Spaemann habla de la persona como un todo. El ser humano, a diferencia del animal, posee tanto una parte espiritual (alma) como una física (cuerpo). En el capítulo anterior, como ya se ha comentado, el autor hace referencia a lo que Kant dice sobre el hombre: la persona no tiene valor, es decir, no tiene un valor calculable. El hombre posee DIGNIDAD.

El autor, en este capítulo, destaca sobre todo la necesidad de la serenidad. Es necesario poseerla para llevar una vida recta, para afrontar la realidad tal y como es. El hombre sereno, se conoce a sí mismo, que es la primera condición para poder relacionarse con los demás y aceptar la realidad.

En mi opinión y relacionando esto con lo dicho en el capítulo anterior, la serenidad es necesaria para realizar buenas acciones, es decir, que hagan justicia a la realidad. La realidad es como es, se quiera ver o no.


Un saludo.

Beatriz Palomino Alberruche dijo...

En el capítulo habla de las acciones buenas del ser humano.Me interesa la parte en que dice que "justificar actuaciones por la así llamada buena intención constituye además una escuela de inautenticidad".Yo creo que todo acto va seguido de una justificación aunque cuando el fin al que hemos llegado es malo esa justificación puede llegar a evitarse. A la hora de justificarse en ese momento el ser humano tiende a buscar un camino que le convega para bién o por otro lado, adjudica ese mal a otra persona.
Estoy de acuerdo que "por lo general se desvía la atención de los aspectos negativos de su acción y se dirige a los positivos", ya que como he comentado anteriormente, el ser humano intenta mostrar la mejor imagen de él, y aunque es conciente de que ha fallado no quiere admitir su mala acción.

Santiago Perdiguero dijo...

¡Hola!

Me ha llamado la atención que con la buena intención no es suficiente para que una acción sea buena aunque si no hay buena intención entonces la acción no es buena. A veces se cometen actos malos disfrazándolos de buenas intenciones. Lo estamos viendo en la actualidad: por ejemplo: matar a miles de inocentes para terminar con una dictadura.

Como nos dice Spaemann, la bondad tiene que ver con una mirada plena de la realidad. Pero esto no siempre es fácil llevarlo a la práctica pues, a veces, vemos la realidad con el velo de nuestros sentimientos, sensibilidades, ideales…De ahí que lo que uno ve blanco, el otro lo ve negro. Afortunadamente, el punto de vista del bien no es accidental sino absoluto. De no ser así, caeríamos en la Falacia naturalista en la que cada uno tendría su propio bien supremo. Así, evidentemente, el mundo no puede funcionar por mucho que se empeñen algunos.

La regla de oro de no hagas con los demás lo que no quieres para ti no implica que lo hagas a los demás vaya a ser siempre bueno pero al menos garantiza extirpar de nosotros el egoísmo primitivo que llevamos.

En definitiva, no podemos usar a las personas como medio para conseguir nuestros fines pues todas las personas son fines en sí mismos.

¡Saludos!

Raquel Ruiz Cuadrado dijo...

¿Qué es una buena voluntad? La voluntad podría ser el deseo de hacer el bien pero no siempre las buenas acciones nos ayudan a conseguir el bien. En ocasiones utilizamos el mal para conseguir un bien o simplemente la acción del bien no siempre significa que sea buena.
La conciencia nos recuerda nuestras acciones haciéndonos reflexionar o afinar sobre las justificaciones de nuestros actos, por ello debemos formar nuestra conciencia porque no siempre una buena voluntad hace justicia a la realidad.
¿Qué hace que una acción sea buena? La atención a la realidad total en nuestro proceder, debemos estar atentos y no dejar paso a otras cosas, es decir nuestras acciones deben ajustarse a la realidad. Una regla de oro que nos puede ayudar es “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” y haciendo justicia a la realidad nos respetaremos y amaremos los unos a los otros elevando nuestra dignidad humana.

Nuestro obrar debe seguir a nuestro ser, lo que forma parte de un acontecer más amplio que va más allá, lo que significa que nuestras acciones determinan nuestro destino, nuestros presupuestos nos conducen, nos hacen cambiar pero esto no significa que no podamos controlarlo pero sí debemos tener en cuenta que determinan lo que somos y hacia donde vamos. En este camino la serenidad ante nuestro destino nos ayuda a aceptarnos a nosotros mismos y a los demás, a aceptar nuestros fracasos, a asumir compromisos, a conocer nuestros límites y ajustarlos a la realidad; nos facilita el camino hacia la felicidad compartiéndola con los demás.

Itziar Unda Velasco dijo...

VIII. Actitud ante lo que no podemos cambiar.

Los actos que cometemos crean consecuencias irrevocables, que forman parte de nuestra vida y debemos respoder a ellos. Nuestros actos son pequeños momentos comparados con la amplitud de nuestras vida y el control de todo ello no está en nuestras manos. El hombre es libre, y esa libertad no significa independencia.

Cuando un hombre actúa acepta determinadas condiciones, puesto que las cosas no vienen de la nada y se conducen a la nada, todo tiene un porpósito.La incapacidad de aceptación demuestra inmadurez. De esas condiciones depende el desarrollo de la acción, por ejemplo ante una misma situación no reacciona igual una persona comprensiva que una intolerante.
No se puede recurrir a la frase "es que yo soy asi". Es cierto que el hombre tiene unos factores determinados en su naturaleza, genes, caracter, pero hay factores que el puede modelar o mejorar, temperamento.

El hombre tiene tendencia a huir del sufrimiento y ésto lo considero un error, puesto que el sufrimiento es necesario, es una prendizaje. Muchas veces el hombre se encuentra con situaciones que no puede controlar que le disgustan o provocan sentimientos. No ha de huir, eso simplemente reforzaría la inmadurez, el hombre maduro afronta el problema, le busca solución, le busca sentido.

Frente a lo que sucede a nuestro alrededor, según Speaman, el hombre puede actuar de tres formas posibles.

En primer lugar, de un modo fanático. Para él no existe más sentido que el que él da y pone. Es un revolucionario que no reconoce límites a su proceder.

En segundo lugar está el cínico. Adopta el partido de la realidad contra el sentido. Es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido.

Para ambos la realidad que rodea nuestras acciones no tiene sentido.Sólo podría haber sentido si se diera una relación positiva.

Y en tercer lugar está el sereno.Es el que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar. Lo que no puede modificar va a ocurir de todos modos, asi que lo acepta.

Aceptar lo que va a pasar supone una liberación definitiva del hombre. Un hombre con pasiones y dificultades, que a la vez actua comprometido, con firmeza y tiene fe.